sábado, 22 de noviembre de 2014

La mejor gimnasia para el cerebro es el bilingüismo



Las personas que hablan varios idiomas ejercitan más la mente y aprenden de forma natural a desechar distracciones

 
Alumno de un colegio bilingüe del sur de Madrid. / uly martín

El cerebro de una persona bilingüe funciona como un semáforo. Cuando tiene que elegir una palabra, da luz verde al idioma que está usando y frena con una luz roja el término del que no necesita. Este proceso natural de selección, que hace centenares de veces al día, es como una gimnasia involuntaria que mejora su materia gris.

Los efectos del bilingüismo en el cerebro se han analizado profusamente en los últimos años desde distintos puntos de vista. Hay investigaciones que apuntan a que hablar dos idiomas permite combatir mejor el Alzheimer o la demencia. Dos equipos de investigación estadounidenses estudian en la actualidad las ventajas que una segunda lengua supone para el día a día. “Los cerebros bilingües están mejor equipados para procesar información”, señala la profesora Viorica Marian, psicóloga y autora principal de un estudio de la Universidad de Northwestern (Evanston, Estados Unidos).

En la misma línea trabaja otra institución norteamericana, el Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington (Seattle, EE UU), que recientemente ha entrado en contacto con las autoridades españolas y planea trasladar parte de su investigación aquí. Sus codirectores, Patricia K. Khul y Andrew N. Meltzofr, analizan el proceso informal que desarrollan los niños para aprender varios idiomas a un tiempo. Desde mediados de 2014, están en contacto con la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Educación para ampliar su investigación a centros escolares en la primera etapa infantil (de cero a tres años).
Ambos equipos se centran en la observación de las partes del cerebro que se activan en las personas que solo dominan un idioma frente a aquellas que funcionan en el caso de los que se comunican al menos en dos lenguas con fluidez. La profesora Marian, de la Universidad de Northwestern, realizó su estudio con participantes de 18 a 27 años de edad seleccionados por la Universidad de Houston. 17 de ellos eran bilingües en español e inglés mientras que otros 18 solo hablaban inglés. "Elegimos estos idiomas porque es el bilingüismo más habitual en Texas, aunque suponemos que los resultados serían similares con otras lenguas", señala la investigadora. 

El trabajo, desarrollado a lo largo de tres años, partía de un experimento bastante simple. Después de escuchar una palabra en inglés, leída por una voz masculina con acento neutro, les enseñaban a los integrantes de ambos grupos un dibujo con cuatro objetos: dos cuya pronunciación es similar en inglés y otros dos que suenan totalmente diferentes. Por ejemplo, clown (payaso) y cloud (nube); candy (caramelo) y candle (vela) o pig (cerdo) y picture (dibujo). Mientras los participantes elegían el término correcto, el equipo de investigación revisaba el comportamiento de su cerebro a través imágenes por resonancia magnética.

Cuanto más oxígeno o sangre fluye a una región, más esfuerzo realiza esa parte del cerebro. Los que solo hablan un idioma tenían más activadas las regiones de control de inhibiciones del cerebro que los bilingües, es decir, “trabajan más duro para encontrar las respuestas”, añade Viorica Marian, autora principal del estudio publicado en la revista Brain and Language.

¿Qué efectos tiene que el cerebro funcione de uno u otro modo? Según las conclusiones del equipo de la profesora Marian, los niños bilingües, por ejemplo, desechan “con más facilidad” el ruido en la clase para concentrarse en la lección. “Si estás conduciendo u operando en un quirófano es importante enfocarte en lo que realmente importa e ignorar lo que no”, añade.

El equipo de trabajo de Seattle, incluye investigadores postgraduados que analizan el aprendizaje y el comportamiento del cerebro de sus propios hijos, que son bilingües de inglés combinado con diferentes idiomas.“El cerebro de una persona que habla dos lenguas es mucho más flexible, enfrenta situaciones más complejas por lo que busca mejor las soluciones y acaba resultando mucho más ágil”, explicaba Patricia K. Khul, que estuvo en España con Meltzofr a finales de septiembre y visitó la red de colegios bilingües de la Comunidad de Madrid.

Meltzofr y Khul han presentado ya sus investigaciones en el Congreso de los Estados Unidos. Sus conclusiones “sirvieron para tranquilizar a la sociedad frente al temor bastante extendido que un alumno que crece entre dos idiomas perjudica la lengua materna y el aprendizaje de otras materias”, según Andrew N. Meltzofr.

En España, la mayoría de las comunidades autónomas tienen oferta de enseñanza bilingüe en inglés pública. Los investigadores de Seattle visitaron centros de Madrid y contactaron también con las autoridades educativas de Barcelona. Meses antes, una delegación española estuvo en Seatle. El ministro de Educación, José Ignacio Wert, la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, y la consejera del ramo de la Comunidad de Madrid, Lucía Figar, acudieron a las instalaciones. Tras ambos encuentros, el equipo estadounidense quiere colaborar ahora con Madrid. Los investigadores han pedido trabajar en centros de la primera etapa de educación infantil (de cero a tres años), según explica un portavoz de la consejería. Esperan cerrar un acuerdo en diciembre.

El mejor momento para aprender un idioma
Cuanto antes mejor. Los investigadores del Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington, Patricia K. Khul y Andrew N. Meltzofr, lo tienen claro. El cerebro de un niño de cero a siete años “se adapta fácilmente a cualquier innovación”. “A esa edad puede notar sin problema si su abuela habla un tercer idioma y adquirirlo de forma natural”, explica Meltzofr. “Si vas de visita con tus hijos a otro país, es probable que ellos  vuelvan sabiendo varias palabras relacionadas con el fútbol después de jugar un partido con otros niños, mientras que tú no pilles nada compartiendo el tiempo con sus padres”, añade. 

Entre ocho y 18 años de edad, según estos expertos, el aprendizaje se vuelve “más académico y lento”. A partir de entonces, el reto se complica. “Si está leyendo esto y ya es adulto, es demasiado tarde para usted”, ironiza Meltzofr. 

“Nunca es tarde para aprender otra lengua”, considera, por contra, la profesora Viorica Marian, de la Universidad de Northwestern. Ella creció hablando rumano y ruso, su tercera lengua es inglés y tiene nociones básicas de español, francés y holandés. Esta investigadora admite las ventajas de adquirir una segunda lengua de niño, como “la posibilidad de sonar como un hablante nativo sin acento extranjero”, pero defiende que el dominio de otro idioma “puede llegar a cualquier edad” y mejorar el control de la función de inhibición del cerebro en apenas unos meses.

Tomado de: http://elpais.com/elpais/2014/11/14/ciencia/1415985974_376968.html

jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Qué pasa en la cabeza de los niños pequeños?

  • 11 octubre 2013
Entre los dos y los cuatro años el cerebro abre una importante ventana para el desarrollo del lenguaje.

 Esta fue la conclusión de un estudio realizado por científicos británicos y estadounidenses.
Según los expertos, las influencias ambientales tienen el mayor impacto antes de los cuatro años, mientras se desarrolla el sistema de circuitos del cerebro para procesar palabras nuevas.

La investigación publicada en The Journal of Neuroscience sugiere que los trastornos que causan dificultades de aprendizaje en el lenguaje deberían ser abordados más temprano.

También explica por qué los niños pequeños son tan buenos para aprender más de un idioma.

Los científicos del King's College de Londres y la Universidad de Brown en Estados Unidos estudiaron a 108 niños con desarrollo normal entre las edades de uno a seis años.

Utilizaron escáner cerebral para fijarse en la mielina, el aislamiento térmico que se desarrolla desde el nacimiento en el sistema de circuitos del cerebro.

Para su sorpresa, descubrieron que la distribución de mielina es fija a partir de los cuatro años, lo que sugiere que el cerebro es más plástico a muy temprana edad.

Los expertos predicen que cualquier influencia ambiental en el desarrollo del cerebro será más fuerte durante la infancia.

Además de facilitar que los niños sean bilingües, estos resultados también sugieren que existe un momento crítico durante el desarrollo cuando la influencia ambiental en las habilidades cognitivas puede ser mayor.

El doctor Jonathan O'Muircheartaigh, de King's College de Londres y jefe del estudio, le dijo a la BBC que "debido a que nuestro trabajo pareciera indicar que los circuitos del cerebro asociados al lenguaje son más flexibles antes de los cuatro años, una intervención temprana para los niños con retrasos en el lenguaje debería ser iniciado antes de esta edad crítica".

"Esto puede ser crítico para muchos trastornos de desarrollo, como el autismo, debido a que los problemas del lenguaje son una característica temprana común", agregó.

Aumentando el vocabulario


A los 6 años, el niño tiene un vocabulario de unas 5.000 palabras.
La infancia temprana es la época en que el lenguaje se desarrolla con mayor rapidez. A los 12 meses, los bebés pueden decir palabras simples como "mamá" y "papá", un vocabulario que se va enriqueciendo de manera exponencial hasta los 6 años, que el niño tiene conocimiento de unas 5.000 palabras.

Las habilidades del lenguaje se localizan en la región frontal izquierda del cerebro.

Los investigadores esperaban que se desarrollara más mielina en esa área, en la medida que los niños aprendían más palabras.

Lo que descubrieron es que se mantiene constante, lo que sugiere que existe una ventana crucial para intervenir en trastornos de desarrollo.

"Este trabajo es importante pues es el primero que investiga la relación entre la estructura del cerebro y el lenguaje durante la infancia temprana, también demuestra cómo esta relación cambia con la edad", explicó el doctor Sean Deoni de la Universidad de Brown, coautor del estudio.

"Es importante debido a que es común que el lenguaje esté alterado o retrasado en varios trastornos de desarrollo, como el autismo".

Por su parte, la profesora Dorothy Bishop, del departamento de neuropsicología de la Universidad de Oxford, dijo que el trabajo ofrece una nueva información importante sobre el desarrollo temprano de las conexiones en las regiones del cerebro que son clave para las funciones cognitivas.

"Pero es muy pronto para estar seguro sobre las implicaciones funcionales del resultado (del estudio)", agregó.

La investigación fue financiada por el Instituto Nacional para la Salud Mental en EE.UU., y la fundación Wellcome, en Reino Unido.

Tomado de: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/10/131009_salud_bebe_cerebro_lenguaje_gtg

Cómo el cerebro graba para siempre la lengua materna



Ciencia BBC Mundo, @bbc_ciencia
  • 19 noviembre 2014
El estudio fue llevado a cabo con niñas que hablaban francés, mandarín y francés, y otras que hablaban francés y habían estado en contacto con el mandarín en sus primeros meses. 

Puede que las personas que abandonaron su país de origen de muy pequeñas ya no recuerden su lengua natal.

Sin embargo, los patrones neuronales creados por el idioma que escucharon en sus primeros años de vida permanecen intactos en su cerebro.

Y, estos patrones, se mantienen en el tiempo incluso si la persona no ha vuelto a estar en contacto con su primera lengua, según reveló un estudio publicado en la revista "Proceedings of the National Academy of Sciences".

Esta huella, dejada por la lengua olvidada, podría facilitarle a quienes vivieron esta situación, como por ejemplo los niños adoptados por padres de otras nacionalidades, el aprendizaje de su idioma natal en el futuro.

Mandarín y francés
"En las primeras etapas del desarrollo de la lengua, los niños aprenden a distinguir -independientemente de qué lenguaje se trate- qué sonidos son importantes y significativos", le dice a BBC Mundo Lara Pierce, de la Universidad McGill, en Canadá, y autora principal del estudio.

"Esta experiencia deja una suerte de representación en el cerebro, que los niños utilizan para construir su lengua nativa", agrega.

Pierce dice que otra combinación de idiomas ofrecería posiblemente resultados similares. 

Lo que el estudio se propuso analizar es si estas representaciones se mantenían a lo largo de la vida o desaparecían cuando el niño dejaba de escuchar su lengua nativa.

Para evaluarlo, Pierce y su equipo realizaron una serie de resonancias magnéticas a 44 niñas de entre 9 y 17 años, mientras escuchaban grabaciones en mandarín.

Hay una relación entre la edad de adopción y la intensidad de la respuesta cerebral. Cuanto más chino escucharon en sus primeros meses, más se activó esta región del cerebro

Un grupo estaba formado por niñas nacidas en China, adoptadas por una familia francesa antes de los tres años, que sólo hablaban francés.

El segundo grupo estaba integrado por niñas que hablaban francés y mandarían con fluidez.
Y el tercero, por niñas francoparlantes que ni hablaban ni comprendían mandarín.

Hemisferios para el lenguaje y el sonido
Al escuchar la grabación, el cerebro de las niñas que habían estado expuestas al mandarían -las que lo hablaban y las que no- mostró actividad en el hemisferio izquierdo, donde se procesa el lenguaje.

Al escuchar la grabación, el cerebro de las niñas que habían estado expuestas al mandarían -las que lo hablaban y las que no- mostró actividad en el hemisferio izquierdo, donde se procesa el lenguaje. 

En las niñas que solo hablaban francés, se activaron regiones del hemisferio derecho, involucradas en el procesamiento de los sonidos.

Nos sorprendió que el patrón de activación cerebral de los niñas chinas adoptadas que perdieron totalmente el lenguaje coincidía con el de las niñas que continuaron hablando chino desde su nacimiento

Esto significa que el cerebro de este último grupo no identificó al mandarín como un lenguaje, mientras que esto sí ocurrió en los otros dos grupos, pese a que uno no comprendía el significado de las palabras.

"Nos sorprendió que el patrón de activación cerebral de las niñas chinas adoptadas que perdieron totalmente el lenguaje coincidía con el de las niñas que continuaron hablando chino desde su nacimiento", señaló Pierce.

"Las representaciones neuronales que apoyan este modelo sólo podrían haber sido adquiridas durante los primeros meses de vida", añade la investigadora.

Variaciones
El experimento incluyó el estudio de niños de menos de seis meses, y en estos chicos también pudieron verse los patrones creados a temprana edad.

"Sin embargo, vimos que hay una relación entre la edad de adopción y la intensidad de la respuesta cerebral", le dice a BBC Mundo Pierce.

Cuando más tiempo uno escuche la lengua nativa, más marcada es la huella. 

"Cuanto más chino escucharon en sus primeros meses, más se activó esta región del cerebro".

"Con lo cual es posible que si la exposición al lenguaje nativo es muy corta, menos de seis meses, el efecto sea menos fuerte", explica Pierce.

Según los autores, el estudio parece indicar, aunque no de modo concluyente, que aunque no hablemos una lengua, si estuvimos expuesta a ella a una edad temprana, podremos volver a aprenderla más tarde en la vida con más facilidad.

Además, en el campo de la teoría del aprendizaje del lenguaje, el estudio refuerza el argumento de que las representaciones neuronales preexistentes en el cerebro no se pierden si no se utilizan, ni se borran con el aprendizaje de una nueva lengua, sino que simplemente se vuelven más difíciles de acceder.

El próximo paso, dice Pierce, será investigar si estas representaciones neuronales afectan cómo el cerebro aprende la segunda lengua y analizar en detalle el proceso de aprendizaje de la lengua olvidada.

Las palabras nos ayudan a ver



Ciencia BBC Mundo, @bbc_ciencia
  • 29 agosto 2013
La palabra que designa un objeto puede hacer que seamos más capaces de detectar ese objeto con la vista, según una reciente investigación.

Y ese hallazgo sugiere que el lenguaje tiene un rol importante en la forma en que percibimos el mundo.
Así lo sostienen Gary Lupyan y Emily Ward, autores de un estudio publicado en Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

"Este experimento demuestra que el lenguaje afecta una parte central de la percepción", dice Lupyan a BBC Mundo.

Para su investigación, Lupyan y Ward utilizaron una técnica denominada "flash continuo de represión".
En cada una de muchas pruebas, se mostró a los participantes la imagen de un objeto sólo en un ojo.

"Usamos imágenes de objetos comunes y animales –dibujados y en fotografías– y en el otro ojo mostramos sólo ruido visual parpadeante, garabatos", explica Lupyan, investigador de la Universidad de Wisconsin.

Como resultado, ese ruido visual en movimiento y de alto contraste domina y oculta la información visual que llega al otro ojo.

"Es una técnica muy útil para entender el procesamiento visual porque cuando las personas no tienen conciencia de una imagen parece que el procesamiento neuronal en el sistema visual la reprime en un nivel bastante básico."

Y los investigadores estaban "interesados en ver si el conocimiento o el lenguaje podían contrarrestar esa represión".

Ayuda o distracción
Justo antes de mirar a esta combinación de líneas parpadeantes e imágenes de objetos, los participantes escuchaban o bien la palabra que designaba el objeto oculto, o una palabra diferente, o nada.
Luego, se les preguntaba si habían visto algo.

El experimento buscó la relación entre el lenguaje y la capacidad de ver. 

Y lo que hallaron, después de cientos de estos ejercicios, fue que cuando oían la palabra que se correspondía con el objeto que luego les mostraban solapado por el ruido visual, había más probabilidades de que los participantes vieran algo.

Y no sólo eso. También observaron que cuando escuchaban una palabra distinta, tenían menos probabilidades de detectar la imagen en cuestión.

"En algunas de las pruebas, las mismas personas no escuchaba ninguna palabra y veíamos cómo lo hacían, y lo comparábamos estadísticamente con las veces en que escuchaban la palabra correcta y cuando escuchaban la palabra incorrecta", detalla Lupyan en conversación con BBC Mundo.

Lo que hacía la palabra, sostienen los autores del estudio, es hacer que el objeto "salte" a la vista.
Pero cuando la palabra no coincidía, lo que hacía era ocultarlo aún más.

Expectativas
De acuerdo con Lupyan, el leguaje establece una serie de expectativas que determinan cómo se procesa la información que entra a través de la visión.

"Si el objeto que se muestra coincide con esas expectativas, entonces se mejora la percepción. Si no coincide con estas expectativas, si esperaban una cosa de forma redonda y lo que obtienen es digamos una jirafa, entonces la percepción se inhibe", agrega el investigador.

Entonces, si a este nivel de percepción el lenguaje mejora la habilidad de detectar algo, Lupyan sospecha que también podría tener una influencia en los otros sentidos.

"Hay un montón de trabajos anteriores sobre la visión, y hemos descuidado el rol del conocimiento y las expectativas en otras modalidades, especialmente en el olfato y el gusto."

En todo caso, dice Lupyan, "estudios como este muestran que el lenguage es una herramienta poderosa para dar forma a los sistemas perceptivos".

Y en el caso de la vista, lo que percibimos parece estar definido por lo que sabemos y lo que esperamos ver.

Tomado de: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/08/130827_ciencia_lenguaje_afecta_vision_percepcion_np.shtml